¡Alcalde Daniel Quintero, es distinto la pax que construir paz!

jaime bornacelly castro

Jaime Bornacelly
Profesor. Escuela Interamericana de Bibliotecología

Cuentan los rumores oficiales que a Belisario Betancur, el hombre de la pax1, las fuerzas militares dieron muestra de su poder con la retoma del Palacio de Justicia. Dicen las malas lenguas, que ni lo escucharon. Lo bloquearon del Facebook, del Whatsapp y no le atendieron las llamadas que hacía desesperado para que no entraran a masacrar a jueces, trabajadores e insurgentes. Insisten estas fuentes que los militares no querían negociar con esos facinerosos maoístas-leninistas-troskistas-Anapistas del M19 -el castrochavismo del momento- y por eso mostraron su fuerza descomunal que desapareció archivos documentales y humanos. Fue peor la cura que la enfermedad.

Después de esta tragedia nacional, fue más evidente el militarismo en la política, quiénes son los ‘manda callar’, quiénes dan la orden suprema o la nuez de lo político en Colombia, esto es: declarar quién es el enemigo y decidir hacer la guerra.

También dicen por ahí los cercanos al otrora candidato Daniel Quintero -nada de esto es oficial- que él, un hombre progresista y nada conservador como Belisario, de ser alcalde nunca ensayaría una incursión a la UdeA con tanquetas y escuadrones pro-disturbios, que él es y será un hombre de paz. Parece, por sus declaraciones a los medios, que en esta oportunidad la fuerza pública le consultó, no lo dejaron en llamada en espera o lo bloquearon de su lista de contactos. Entonces, ni modo de decir que le ocurrió lo mismo que al “inconsulto” e incomprendido Belisario. Así, Daniel Quintero es otro hombre más de la pax.


Entre chismes y cuentos acerca de las decisiones de los dos mandatarios Antioqueños y sus protocolos de seguridad, lo que parece ser cierto es que los dos están tranquilos; uno no tendrá que defenderse del Centro Democrático y del Grupo Antioqueño y, el otro, no estará sentado en el banquillo de los acusados de la historia oficial. Cumplieron, como es tradición en Colombia, con su “deber constitucional” de generar el crónico desorden y “garantizaron el derecho” a la protesta ordenada, pacífica y bien peinadita.


Belisario fue gramaticalmente correcto en temas de paz, mejor ni la escribió y menos la firmó. El Quintero es coreográficamente infantil y le encanta la espectacularización de la política. Es desproporcionado y cruel. Carece de compasión y lo compensa con una twitteratón, la nueva Gerencia de la Paz y la mesa de diálogo. Peca y reza. Le está pasando lo mismo que a Belisario, como hombre de pax, no sabe usar su fuerza con los nuevos juguetes de guerra, los drones, las cámaras de reconocimiento facial, el helicóptero y hasta los pitos amarillos que ahora serán los nuevos dispositivos de sanción contra los facinerosos. Dice públicamente que se va a seguir vengando -la justicia penal es una forma de venganza- de los que pasaron la línea roja y pusieron en riesgo la seguridad. “Inseguridad”, descontento y malestar ciudadano que fueron claves para su victoria a la alcaldía. En pocas palabras, promete ruido a punta de pito, venganza, ‘antipolítica’ de paz y perfidia.


Está más pendiente de mostrarse como hombre antioqueño de hacha y machete, grande y decidido, que la de verse joven, rebelde, creativo y compasivo. Le preocupan más las canas y la sonrisa que las balas de goma, cristal o plomo que derrumban sus electores y, ahora, enemigos. En síntesis, se ocupa de las cifras, las estadísticas, las tendencias y las poblaciones “anormales”. Puro gobierno de la conducta, gubernamentalidad. Y en su defecto, no ensaya alternativas de seguridad y construcción de paz que prevengan tragedias como la del Palacio de Justicia, las muertes de Paula Andrea y Magaly en febrero de 2005, de Dylan Cruz en noviembre de 2019 y de Julián Andrés en diciembre de 2019.


Grandes hombres de la pax que no entienden -o lo entienden muy bien- que la(s) paz(es) en Colombia se hace a pequeña escala. Que nuestra múltiple, frágil, incompleta, suspendida e indecisa transición de la guerra a la paz se hace desde lo microterritorial y desde la escala del cuerpo, las actitudes, las emociones, la palabra. Señor Quintero, señor Gaviria, señor Duque -puros señoritos- La Universidad de Antioquia es un Sitio de Conciencia y Patrimonio Ambiental, allí conservamos las huellas de nuestra intolerancia pero también de nuestras experiencias de paz, producimos memoria colectiva, conservamos conocimientos y especies naturales, creamos diálogos de saberes, aportamos a la construcción de paz territorial mientras también transformamos nuestras maneras de protesta y se forman sujetos rebeldes que saben distinguir entre la guerra y la paz, entre la violencia fratricida y una revuelta, entre la seguridad humana y la vigilancia, entre construir paz y la pax como hegemonía, pero también, sabemos ver similitudes entre Belisarios, Duques, Federicos y Danielitos.


Señor Alcalde de Medellín Daniel Quintero, su mandato debe reconocer a la Universidad de Antioquia en su autonomía política, científica, administrativa y financiera. Debe defenderla como Memoria y Patrimonio. Como Patrimonio, es herencia del padre, recurso para la vida y, como Memoria, es la madre de las musas donde está el conocimiento sobre las raíces, es la conciencia que requiere el futuro. Recuerda, “honrarás a tu padre y a tu madre”.

1 El significado de la palabra Pax, más que la ausencia de la guerra o violencia, es la idea y ejercicio de una hegemonía militar que busca pacificar otras fuerzas políticas.

Descargar documento Leer más [+]

icon6 icon5 icon3 icon2 icon1 icon4

Asociación de Profesores de la Universidad de Antioquia. Todos los derechos reservados | Medellín 2014

Desarrollado por: Desarrollo web Coviper net services

Casino Bonus at bet365 uk

Redes Sociales

f1

t1

y1

y1

y1